En la primavera de 2006, encerrado con su banda en una casa vieja de Los Ángeles, Gerard Way se despertaba a mitad de la noche para escribirse notas. En una de ellas apuntó que todos somos apenas un desfile negro. Tenía veintinueve años, llevaba dos sobrio y cantaba en un grupo de Nueva Jersey que ya tenía un disco de platino, un público que lo seguía con una devoción casi religiosa y una etiqueta, emo, que cada vez le quedaba más pequeña. De esa frase garabateada de madrugada salió ‘The Black Parade’, el tercer álbum de My Chemical Romance, publicado el 23 de octubre de 2006, y con él la versión de la banda que el resto del mundo terminaría por conocer.
Veinte años después, el disco vuelve en una edición de aniversario de Reprise Records que lleva por primera vez a plataformas de streaming ‘The Sharpest Lives (Live from Hoboken)’, una toma en vivo de octubre de 2007 en Maxwell’s, el club de 200 personas de Hoboken donde la banda se sentía en casa. Al mismo tiempo, el grupo cierra en el Hollywood Bowl de Los Ángeles la etapa norteamericana de una gira de estadios dedicada por completo a ese álbum, antes de seguir en noviembre hacia el sudeste asiático. En marzo de 2013, cuando My Chemical Romance anunció su separación, pocos habrían imaginado que la historia iba a acomodarse así, con cuatro músicos que ya pasan de los cuarenta tocando de principio a fin, frente a decenas de miles de personas cada noche, el disco del que pasaron años intentando escapar.
Las cifras de lo que vino después de ‘The Black Parade’ son enormes y vale la pena repasarlas, pero cuentan solo una parte. El álbum llevó a una banda de sótanos y clubes a las arenas de medio mundo, le dio su única canción número uno en Reino Unido y su único top 10 en Estados Unidos, y la convirtió en un símbolo generacional. También la encerró dentro de un personaje, la expuso a una campaña de prensa que la acusó de poner en peligro a los adolescentes y la dejó tan agotada que su propio cantante llegó a pensar que ese disco debía ser el último.
Una banda que no quería quedarse pequeña
My Chemical Romance nació de una catástrofe. Gerard Way formó el grupo con el baterista Matt Pelissier en Nueva Jersey poco después del 11 de septiembre de 2001, y ha contado que ver caer las torres del World Trade Center fue lo que lo empujó a formar una banda. Su debut, ‘I Brought You My Bullets, You Brought Me Your Love’, salió en 2002 a través del sello independiente Eyeball Records, con producción de Geoff Rickly, vocalista de Thursday, y ya estaba lleno de sangre, vampiros y muerte. El grupo hablaba de la muerte desde antes de hacer un disco entero sobre ella, y su público, adolescentes que encontraban en esas canciones una manera de nombrar lo que sentían, lo entendió antes que la crítica.
El primer gran paso llegó con ‘Three Cheers for Sweet Revenge’, publicado el 8 de junio de 2004 ya bajo el sello de Reprise. Un mes después, Bob Bryar sustituyó a Pelissier y quedó completa la formación que grabaría ‘The Black Parade’: Gerard Way en la voz, su hermano Mikey Way en el bajo y Ray Toro y Frank Iero en las guitarras. El disco llegó al puesto 28 del Billboard 200, fue certificado platino alrededor de un año después de su salida y dejó canciones que la banda sigue tocando cada noche, como ‘Helena’ y ‘I’m Not Okay (I Promise)’. Aun así, sus números eran los de una banda enorme dentro de su escena y todavía discreta fuera de ella. Su mejor semana de ventas en Estados Unidos fue de 38.000 copias, y ‘Helena’, su sencillo más exitoso, no pasó del puesto 33 del Hot 100.
En una entrevista de 2006, Gerard Way señaló que muchas bandas de la escena de la que venían tendían a despojar su música de todo para mantenerse auténticas. ‘The Black Parade’ fue exactamente lo contrario. En abril de ese año, la banda se instaló en la Paramour Mansion, una casa de Los Ángeles, y trabajó ahí hasta agosto con Rob Cavallo, el productor que había ayudado a Green Day a reinventarse. El encierro tuvo un costo. “Cuando estábamos en la Paramour, en preproducción, todavía escribiendo, las cosas se pusieron algo oscuras”, recordó Way años después en Apple Music 1. Él sufría pesadillas y terrores nocturnos que terminaron filtrándose en las letras. Mikey Way atravesó un periodo de depresión y alcoholismo, agravado por la ansiedad que ya padecía, y se alejó de la grabación durante un tiempo; su ausencia quedó en la letra de ‘Famous Last Words’, que Gerard escribió junto con Ray Toro. “Si no hubiera estado sobrio, creo que ‘The Black Parade’ seguramente me habría matado”, dijo el cantante en la época.
De ese ambiente salió un disco conceptual sobre un hombre al que la banda llamó el Paciente. Muere de cáncer a las dos canciones de empezado el álbum, y la muerte viene por él con la forma de su recuerdo más querido: un desfile que vio de niño con su padre. A partir de ahí, el disco recorre su vida, sus culpas, su miedo y su despedida. Puede parecer un material difícil para un público adolescente, y aun así fue lo que lo conectó con millones de personas. ‘The Black Parade’ trataba la muerte con la seriedad con que la vive alguien de quince años, como algo enorme, teatral y absolutamente personal, y al mismo tiempo la envolvía en una música lo bastante grande para cantarla a gritos. Mikey Way lo resumió al salir el disco: querían que fuera el álbum por el que se recordara a My Chemical Romance.

De culto a fenómeno
‘Welcome to the Black Parade’ estuvo a punto de quedarse fuera del disco. Empezó como un tema punk llamado ‘The Five of Us Are Dying’ que a la banda le gustaba, pero en el que Gerard Way no encontraba nada que le dijera algo. Durante un tiempo ni siquiera quería incluirla. Fue entonces cuando llevó al estudio la idea del desfile como recuerdo del Paciente, y el grupo desarmó la canción para reconstruirla desde abajo, con una introducción nueva de piano que, según Way, ayudó a arreglar todo lo demás. Esos dos primeros minutos, influidos por su gusto por los musicales de Broadway, convirtieron un tema rápido en una marcha fúnebre que se transforma poco a poco en himno de estadio. La canción arranca con una sola nota sostenida en el piano, un sol, y el compositor Andrew Lloyd Webber llegó a destacar que una cosa es crear una serie de acordes icónica y otra muy distinta volver icónica una sola nota.
Para sostener esa ambición en el escenario y en los videos, My Chemical Romance se convirtió en The Black Parade, una banda ficticia con uniformes negros de marcha diseñados por Colleen Atwood, la diseñadora de vestuario ganadora del Óscar y habitual en las películas de Tim Burton. Gerard se cortó el cabello y lo tiñó de rubio platinado para verse, en sus palabras, blanco y cadavérico. La comparación con los Beatles de ‘Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band’ era inevitable, y Kerrang! los describiría como unos Beatles góticos. El disfraz le permitía a un grupo que venía de una escena desconfiada de los excesos ser tan grandilocuente como quisiera, porque quien subía al escenario era otro. El video de ‘Welcome to the Black Parade’, dirigido por Samuel Bayer, el mismo de ‘Smells Like Teen Spirit’ de Nirvana, con el actor Lukas Haas en el papel del Paciente, se estrenó el 28 de septiembre de 2006. Once años después, MTV lo nombró el mejor video musical del siglo XXI.
‘The Black Parade’ vendió 240.000 copias en su primera semana en Estados Unidos, más de seis veces la mejor semana de su antecesor, y debutó en el segundo puesto del Billboard 200. Lo que le impidió llegar al primero fue la banda sonora de ‘Hannah Montana’, y es difícil imaginar una foto más clara del mercado de 2006: el gran producto infantil de Disney en la cima y, justo debajo, un disco sobre un hombre que muere en un hospital. En Reino Unido también quedó en el segundo puesto, detrás de ‘Rudebox’ de Robbie Williams, mientras ‘Welcome to the Black Parade’ le daba a la banda su primer y único número uno en la lista británica de sencillos y llegaba al noveno puesto del Hot 100, su único top 10 en Estados Unidos. Spin lo eligió el quinto mejor disco del año. Aun así, el periodista Tom Bryant ha escrito que el álbum no explotó al salir. Fue creciendo a medida que la banda lo tocaba en vivo, con una intensidad casi feroz.
The Black Parade World Tour sumó 133 conciertos entre el 22 de febrero de 2007 y el 9 de mayo de 2008. Empezó en una arena de Manchester, New Hampshire, y terminó en el Madison Square Garden de Nueva York, a unos quince kilómetros de Belleville, el barrio obrero de Nueva Jersey donde crecieron los hermanos Way. Cada noche, el alter ego tocaba el disco completo y en orden, y después los cinco regresaban al escenario como My Chemical Romance para repasar sus canciones anteriores. “Llegábamos a países y nos emocionaba ver que estábamos teniendo un impacto en la cultura”, contó Way a Alternative Press en 2008. Ese mismo año le dijo al Taipei Times que se habían propuesto hacer un disco universal y que el simple hecho de estar ahí, hablando de él, demostraba que lo habían logrado. Habían pasado de ser los favoritos de una escena a ser una banda que cualquiera reconocía, incluso quien nunca la había escuchado.
El precio del personaje
El 3 de agosto de 2006, todavía antes del lanzamiento, Samuel Bayer filmó el video de ‘Famous Last Words’ con la banda tocando frente a la escenografía en llamas del clip anterior. Bob Bryar sufrió quemaduras de tercer grado en una pierna por estar demasiado cerca del fuego; la herida se gangrenó, desarrolló una infección por estafilococo que se extendió por su cuerpo y tuvo que ser operado. Gerard Way se rompió un pie cuando Frank Iero lo derribó al final de la filmación, y Ray Toro se fracturó varios dedos que ya tenía ampollados por el calor. Ya en la gira, seis fechas se cancelaron a finales de abril y principios de mayo de 2007 por una intoxicación alimentaria que alcanzó también a Muse. Mikey Way se tomó una pausa tras casarse, Frank Iero se ausentó dos veces, la segunda para acompañar a un familiar enfermo, y Bob Bryar se lesionó las muñecas y dejó la gira en noviembre de 2007.
A mitad de ese camino, en octubre de 2007, la banda decidió retirar al personaje. Gerard Way explicó después que sentían que ya habían hecho todo lo posible como The Black Parade y que querían volver a ser simplemente My Chemical Romance, y admitió que una parte importante de la decisión tenía que ver con todo lo que venía pegado a ser esa banda. El problema era que el público no distinguía entre la máscara y la cara. Para millones de personas, My Chemical Romance ya era el desfile, los uniformes y el sol del piano, y no había forma de quitarse eso con un cambio de vestuario. “Lo que pasé haciendo ‘The Black Parade’ no lo voy a volver a pasar nunca”, dijo Way a Alternative Press en 2008, y añadió que estaban hartos de girar y que la próxima vez lo harían la mitad.
En 2008, tras la muerte de una adolescente fan del grupo en Inglaterra y los comentarios del forense sobre la influencia del emo en el caso, el Daily Mail publicó textos que acusaban a la banda de promover el suicidio y presentaban al emo como un culto del que ningún niño estaba a salvo. El 31 de mayo de 2008, fans de My Chemical Romance protestaron frente a las oficinas del diario en Londres y cientos más se reunieron en Marble Arch. La banda respondió con un comunicado en el que defendía que el mensaje y el tema de ‘The Black Parade’ eran la esperanza y el valor. La historia del Paciente, de hecho, se cierra con ‘Famous Last Words’, una canción sobre la decisión de seguir viviendo. Aun así, el trabajo más ambicioso de la banda, un disco que sus fans salieron a defender en la calle, aparecía en los periódicos como una amenaza, y la palabra emo, que ya les incomodaba, se volvió casi un insulto.
Cuando la gira terminó, el grupo intentó irse lo más lejos posible del desfile. Entró al estudio con el productor Brendan O’Brien con una consigna que parecía escrita en negativo de su disco anterior: sin conceptos, sin personajes, sin vestuario y sin instrumentación adicional. A principios de 2010 archivó esas sesiones porque sentía que se estaba frenando a sí mismo. El 3 de marzo de ese año anunció la salida de Bob Bryar, el baterista de ‘The Black Parade’, que años después diría que lo habían echado. La banda volvió con Rob Cavallo y el 22 de noviembre de 2010 publicó ‘Danger Days: The True Lives of the Fabulous Killjoys’, otro disco conceptual, con otros personajes y otra estética, ambientado en una California postapocalíptica. Debutó en el octavo puesto del Billboard 200 con 112.000 copias en su primera semana, menos de la mitad que su antecesor. Entre octubre de 2012 y febrero de 2013, el grupo sacó a cuentagotas, en una serie llamada ‘Conventional Weapons’, diez canciones de aquellas sesiones archivadas. El 22 de marzo de 2013 anunció en su sitio web que, después de doce años, había llegado el momento de terminar.
Un año después, Gerard Way le dio a Kerrang! la explicación más clara de lo que había pasado. Para él, ‘The Black Parade’ había sido la cima, la combinación de todo lo aprendido en los dos primeros discos llevada al extremo, y nunca había imaginado a la banda más allá de ese tercer álbum. “Cuando la gira terminó, básicamente con nosotros conquistando el mundo, se suponía que debíamos cabalgar hacia el atardecer”, dijo. No lo hicieron porque detrás de una banda de ese tamaño había carreras, hipotecas, familias, equipos de trabajo, gente y, en sus palabras, la máquina misma. “Me enfermé física y mentalmente porque no escuché lo que me decía mi voz interior”, confesó. El disco que debía ser una despedida se convirtió en una sombra, y la banda pasó sus últimos tres años intentando escapar de ella.
El regreso al desfile
Una de las cosas que nacieron en la era de ‘The Black Parade’ resultó más duradera que cualquier gira. El 14 de septiembre de 2007, en plena Black Parade World Tour, Dark Horse Comics publicó el primer número de ‘The Umbrella Academy’, la historieta que Gerard Way escribió con dibujos del brasileño Gabriel Bá. Ganó el premio Eisner a la mejor serie limitada y en febrero de 2019 llegó a Netflix, donde se mantuvo hasta 2024. Way publicó en 2014 su disco solista, ‘Hesitant Alien’, y el público no dejó de volver a ‘The Black Parade’. En 2016, la banda publicó un video que terminaba con la fecha “9/23/16” y medio internet creyó que se trataba de la reunión, prueba de que tres años después de la separación cualquier movimiento del grupo se leía como el regreso del desfile. Era la reedición por el décimo aniversario, ‘The Black Parade/Living with Ghosts’, con demos y grabaciones en vivo entre las que estaba la versión original de ‘The Five of Us Are Dying’.
La reunión llegó de verdad el 31 de octubre de 2019, con el anuncio de un concierto en Los Ángeles. Los boletas para el 20 de diciembre en el Shrine Exposition Hall se agotaron en minutos. La pandemia aplazó dos veces la gira hasta 2022, cuando la banda publicó ‘The Foundations of Decay’, su primera canción nueva en casi una década, y salió a recorrer el mundo hasta terminar en Tokio en marzo de 2023. En octubre de 2024, como cabeza de cartel del festival When We Were Young en Las Vegas, My Chemical Romance volvió a tocar ‘The Black Parade’ de principio a fin, diecisiete años después de haber dejado de hacerlo en la gira original. Un mes más tarde murió Bob Bryar, a los 44 años. El disco que la banda acababa de recuperar sobre el escenario era también el último gran trabajo que había grabado con él, el de las quemaduras en el rodaje y las muñecas lesionadas en la gira.
En noviembre de 2024, la banda anunció Long Live The Black Parade, una gira de estadios que arrancó el 11 de julio de 2025 en Seattle, y la forma en que la planteó mostró hasta qué punto había hecho las paces con su disco más pesado. Pudo ser un ejercicio de nostalgia, con los uniformes desempolvados y el álbum tocado en orden, y en cambio fue una reescritura. En el nuevo espectáculo, The Black Parade reaparece como la banda oficial de Draag, un país ficticio gobernado por el Gran Dictador Inmortal, con himno propio, un idioma inventado llamado keposhka y momentos en que el público vota si se ejecuta o no a un grupo de prisioneros enmascarados. El personaje del que la banda huyó en 2007 volvió convertido en sátira de los regímenes autoritarios, y algunos fans llegaron a pedir que se “cancelara” al grupo por usar sus conciertos para hacer política. Gerard Way, mientras tanto, se tomó el papel tan en serio que cuando el alcalde de East Rutherford, Nueva Jersey, le entregó la llave de la ciudad en el MetLife Stadium, se negó a salir del personaje y le regaló trigo y un pescado falso de Draag.
Long Live The Black Parade vendió más de 450.000 boletas en solo diez ciudades de Norteamérica. Los Angeles Times escribió que la banda era más grande que nunca, y Paste le pidió a The Eras Tour de Taylor Swift que se hiciera a un lado, porque el espectáculo de estadio más emocionante era el de My Chemical Romance. En 2026, la gira siguió como The Black Parade 2026 por estadios de Europa y Reino Unido, con tres noches en el Wembley Stadium de Londres, la tercera añadida después de que se agotaran las dos primeras, y ahora cierra su paso por Norteamérica con tres fechas en el Hollywood Bowl. La banda que en 2008 prometía girar la mitad la próxima vez lleva más de un año recorriendo el mundo con el mismo disco que entonces la dejó exhausta.
Lo que queda después del desfile
Hoy, ‘The Black Parade’ está certificado cuatro veces platino por la RIAA en Estados Unidos y por la BPI en Reino Unido, donde supera los 1,2 millones de unidades. En julio de 2025 sus canciones sumaron diez certificaciones nuevas, y ‘Welcome to the Black Parade’ llegó a siete discos de platino. Rolling Stone, que en 2006 lo había colocado en el puesto 20 de los mejores discos del año, lo incluyó en 2020 en su lista de los 500 mejores álbumes de la historia y en 2022 entre los mejores discos conceptuales jamás grabados. Kerrang! lo nombró el mejor álbum emo de todos los tiempos en 2021, y el Rock and Roll Hall of Fame incluyó ‘Welcome to the Black Parade’ entre las canciones que dieron forma al rock.
The New York Times señaló ‘The Black Parade’ como inspiración para artistas tan distintos como Twenty One Pilots, Billie Eilish y Post Malone, y músicos de bandas como Sleeping With Sirens han contado que fue el disco que los hizo tomar una guitarra en serio. En 2020, Kerrang! llamó a My Chemical Romance las superestrellas del rock del siglo XXI. Más allá de las listas, el álbum le dio a una generación permiso para ser intensa en público, para tomarse en serio su tristeza y para convertirla en algo colectivo, coreado por miles de personas a la vez. Por eso el disco que el Daily Mail presentó en 2008 como un peligro es, veinte años después, uno que se canta completo, de la primera a la última canción, en estadios de cuatro continentes.
En 2014, Gerard Way dijo que ‘The Black Parade’ debía haber sido el final. En cierto sentido lo fue. La banda que lo grabó en 2006, con Bob Bryar en la batería, la necesidad de demostrar que podía ser enorme y la sospecha de que el éxito la iba a devorar, no sobrevivió a él. La que volvió en 2019 es otra, más vieja y más libre, capaz de tratar su propio disco como un mundo al que se puede regresar sin quedarse atrapado en él, e incluso de usarlo para hablar del presente. El álbum contaba la historia de un hombre al que, en el momento de morir, viene a buscarlo su recuerdo más querido convertido en desfile. Dos décadas después, ese desfile es lo que My Chemical Romance sale a buscar cada noche, y lo que su público sigue esperando cuando, en un estadio a oscuras, alguien toca en el piano la primera nota.



