Tony Iommi — ‘From The Dark’

Tony Iommi — 'From The Dark'
Release Date
octubre 23, 2026
LABEL
BMG

Voy a empezar con una confesión que quizá no me deja muy bien parado: cuando se anunció ‘From The Dark’, mi primera reacción no fue de emoción sino de cierta incomodidad. Habían pasado apenas unos meses desde ‘Back To The Beginning’, desde aquella tarde en Villa Park en la que Black Sabbath se despidió con Ozzy Osbourne sentado en un trono, y luego vino la noticia que todos temíamos y que nadie estaba listo para leer. Parte de mí sentía que ese había sido el final correcto, el cierre redondo de una historia que empezó en Aston a finales de los sesenta, y que cualquier cosa que viniera después iba a ser un epílogo innecesario. Me equivoqué a medias, que es la forma más honesta en que puedo resumir lo que me provocó este disco después de varios días escuchándolo en casa, en el auto y con audífonos a horas en las que uno ya no debería estar despierto.

Hay que entender lo raro que es este álbum dentro de la carrera de Tony Iommi. En más de cincuenta años, el hombre ha publicado apenas tres discos con su nombre en la portada. ‘Iommi’, en el 2000, fue una especie de fiesta con invitados en la que cada canción tenía un cantante distinto, y aunque tenía momentos muy buenos se sentía más como un catálogo de amistades que como una obra. ‘Fused’, en 2005, fue otra cosa: un disco a cuatro manos con Glenn Hughes que con los años se ha ganado un pequeño culto, y con razón. Después de eso, Iommi dedicó toda su energía a Heaven And Hell y al regreso de Sabbath, así que estos veintiún años de silencio solista no fueron de inactividad, sino de estar ocupado siendo la columna vertebral de dos de las bandas más importantes del género. Por eso ‘From The Dark’ llega cargado de una pregunta que no tiene nada que ver con la nostalgia: qué hace Iommi cuando no tiene a Sabbath detrás, cuando ya no hay una historia colectiva que proteger.

La respuesta empieza por el cantante, y aquí tengo que admitir que Jørn Lande nunca fue de mis vocalistas favoritos. Siempre lo respeté por sus discos con Masterplan y por su carrera solista, pero su manera de cantar, tan abiertamente deudora de Ronnie James Dio, a veces me sonaba más a disfraz que a personalidad. Lande ya había cantado junto a Iommi y Geezer Butler en el homenaje a Dio del High Voltage de 2010, un par de meses después de la muerte de Ronnie, y supongo que algo de esa noche se le quedó grabado a Iommi durante dieciséis años. Lo que me sorprendió de ‘From The Dark’ es que Lande no aparece como un cantante de alquiler: escribe todas las letras y comparte créditos en las ocho canciones, y eso se nota en cómo las melodías vocales están pensadas para encajar en los huecos que deja el riff y no encima de él. Completan la banda Becky Baldwin, bajista de Mercyful Fate, y Karl Brazil, un baterista con una larga carrera en el pop que aquí suena sorprendentemente cómodo, mientras Mike Exeter, viejo cómplice de Iommi que ya había trabajado en ’13’, coproduce y se encarga de los teclados.

Cuando arranca ‘Over The Violent Sun’ pasa algo que me pasa con muy pocos guitarristas: reconozco a Iommi antes de poder explicar por qué. Es esa afinación grave, ese ataque ligeramente arrastrado, esa forma de dejar que la nota se pudra un poco antes de soltarla. Uno sabe la historia de las yemas de los dedos que perdió en una fábrica a los diecisiete años, de los dedales caseros, de las cuerdas más delgadas y destensadas para poder seguir tocando, y es imposible no pensar que todo el sonido del heavy metal nació de un accidente y de la terquedad de un muchacho de Birmingham que se negó a dejar la guitarra. Medio siglo después, ese mismo sonido abre el disco con un riff de medio tiempo que huele a los ochenta, y lo que más me atrapó, curiosamente, no fue la guitarra sino el bajo de Baldwin, que en lugar de doblar el riff camina por su cuenta y le da a la canción un balanceo que no esperaba. Es una de esas decisiones que solo se notan cuando uno pone atención, y que separan a una banda de un guitarrista con músicos de sesión.

Con ‘Black Times’ el disco se hunde. No encuentro otra palabra. El tempo baja hasta arrastrarse y por momentos sentí que estaba escuchando a los primeros Candlemass, lo cual tiene algo de ironía hermosa, porque Candlemass no existiría sin la música que Iommi escribió en 1970. Lande canta sobre un mundo que se termina con una gravedad casi litúrgica, y justo cuando creí que la canción se iba a quedar en ese pantano, Iommi abre una puerta hacia un pasaje limpio, casi de balada, con guitarras que resuenan como campanas lejanas. Ese giro me recordó por qué siempre he defendido los discos de Sabbath que la gente olvida, los de la etapa con Tony Martin como ‘Headless Cross’ o ‘Tyr’, donde Iommi se permitía estos cambios de atmósfera sin pedir permiso. Muchas bandas de doom actuales llevan décadas repitiendo la parte pesada de la fórmula y olvidando que el maestro siempre supo cuándo soltar la presión.

‘World Alone’ fue el primer adelanto, y la primera vez que la escuché, en julio, me pareció correcta y poco más. Dentro del disco, en cambio, crece muchísimo. El riff entrecortado, que avanza y frena como si alguien le pisara el freno de mano a un camión de carga, me lleva directamente a la época de ‘Sabotage’, y los solos que Iommi mete entre los versos son de lo mejor que le he escuchado en años: melódicos, sin prisa, con esa sensación de que cada nota fue elegida y no simplemente tocada. Aquí Lande se luce por primera vez de verdad, con una interpretación casi operística que, lo reconozco, me hizo reconsiderar mis prejuicios sobre él. No es Dio, ni pretende serlo en este momento, pero tiene el pecho y la teatralidad para pararse frente a un riff de ese tamaño sin que lo aplaste.

‘Beyond The Dead’ fue la sorpresa que no vi venir. Tiene un gancho melódico tan pegajoso que por momentos la canción parece coquetear con algo de cabaret oscuro, una especie de canción de amor fúnebre metida dentro de una armadura de doom, y me la descubrí tarareando en la ducha al tercer día, cosa que no me pasa con casi ningún disco de metal clásico reciente. ‘Stormwatcher’, en cambio, va en dirección contraria: un riff escueto, casi desnudo, que avanza con una lentitud deliberada mientras la batería de Brazil y el bajo de Baldwin retumban como si la canción estuviera grabada dentro de una catedral. El solo de esta pieza es de los más bonitos del álbum, construido sobre frases melódicas que flotan por encima del muro de sonido, y es de esos momentos en los que uno deja de analizar y simplemente se queda quieto.

Pero aquí tengo que ser honesto, porque si no, esta reseña no valdría nada. Entre ‘Beyond The Dead’ y ‘Stormwatcher’ empecé a sentir algo que fue creciendo con cada escucha: el disco se mueve casi siempre entre dos velocidades, el medio tiempo pesado y el paso glacial, y esa alternancia se repite con tanta regularidad que en algún momento las canciones se empiezan a confundir. Lande no ayuda, porque su registro aquí oscila entre el bramido a todo pulmón y un canturreo dramático muy a la manera de Dio, con poquísimo terreno intermedio. Escuchadas por separado, cada una de estas canciones me convence, pero de corrido hubo una noche en la que me di cuenta de que no sabía en qué canción estaba, y eso con un disco de ocho canciones no debería pasar. No es un problema grave, pero es la diferencia entre un buen disco y uno que te persigue durante semanas.

Justo cuando empezaba a resignarme a esa inercia llega ‘Death Wake’, que para mí es el corazón emocional del álbum. Es lo más cercano a una power ballad que tiene el disco, aunque ese término le queda corto: es más bien una marcha fúnebre, delicada en su estructura, en la que la banda sube y baja con una precisión que delata horas de ensayo. Lande canta aquí con una contención que no muestra en ningún otro momento, y es su mejor interpretación de todo el disco, sin discusión. Y luego aparece Brian May, con ese sonido suyo tan reconocible, fluido, casi orquestal, que contrasta de forma preciosa con el ataque más áspero de Iommi. Iommi ha contado que le pidió a May tocar en más canciones y que su amigo de casi sesenta años le dijo que no, que el disco era suyo. Entiendo la cortesía, pero después de escuchar cómo dialogan esas dos guitarras, me quedé pensando en lo que pudo haber sido un álbum entero con esa conversación. Me es imposible escuchar ‘Death Wake’ sin pensar en todo lo que Iommi ha perdido en los últimos años, en Dio, en Ozzy, y aunque el disco nunca lo dice de forma explícita, esta canción carga con ese duelo de una manera que me pareció genuina y nada calculada.

‘Return Of The Arbalist’ es la que más necesitaba el disco y la que más agradecí. Por fin el tempo sube, la canción galopa como un clásico del heavy metal británico de principios de los ochenta, y Iommi dobla y sostiene las notas con un gozo que se escucha. Baldwin y Brazil empujan con un swing que no aparece en ningún otro punto del álbum, y durante unos minutos ‘From The Dark’ rompe por completo la fórmula que lo venía atando. Es una canción que me deja con una sensación agridulce, porque demuestra que la banda podía moverse con mucha más libertad y que, por alguna razón, eligió no hacerlo más seguido.

Y luego llega ‘Legacy’, poco más de siete minutos que justifican por sí solos la existencia de este disco. El riff descendente con el que arranca es enorme, de esos que parecen bajar escaleras hacia un sótano sin fondo, y la referencia es inevitable: esto es la época de ‘Mob Rules’, esto es ‘Sign Of The Southern Cross’ en su versión de 2026. Lande se entrega aquí a la interpretación más cercana a Dio de toda su carrera, y lo curioso es que en este contexto no me molestó en absoluto, porque se siente menos como imitación y más como un homenaje consciente, como si la canción fuera un lugar donde Ronnie todavía tiene permiso de habitar. Baldwin toca un bajo que funciona como contrapunto y no como relleno, Brazil sincopa con una limpieza envidiable, y Iommi se regala dos solos, uno eléctrico y otro que suena acústico, ambos con una soltura que a sus 78 años debería ser ilegal. Que el disco termine con una canción titulada así, después de todo lo que ha pasado, no me parece una casualidad, y confieso que la primera vez que llegué al final me quedé un rato en silencio antes de volver a poner el disco desde el principio.

Sobre la producción, Iommi y Exeter lograron algo que no es tan común en los discos de veteranos: un sonido moderno, enorme, con las capas bien distribuidas, que no cae en ese brillo plástico que arruina tantos regresos de leyendas. La guitarra suena gorda, redonda, con el peso exacto que uno espera, y los teclados de Exeter funcionan como niebla de fondo más que como protagonistas. Mi queja, y no es menor, es la duración. Ocho canciones nuevas para una espera de veintiún años se sienten pocas, sobre todo cuando el propio Iommi ha contado que tiene cientos de riffs guardados en su teléfono. La edición deluxe en CD suma ‘Scent Of Dark’ y ‘Deified’, las piezas que publicó en 2022 y 2024 ligadas a sus fragancias, pero ya las conocíamos y no llenan el hueco de material inédito que uno se queda con ganas de escuchar.

Después de muchas vueltas, creo que ‘From The Dark’ tiene más que ver con ‘The Devil You Know’ y con los discos de Sabbath con Tony Martin que con cualquiera de los trabajos solistas previos de Iommi, y para mí eso es un elogio. No es un álbum que vaya a cambiar la historia del metal, ni pretende serlo; Iommi ya hizo eso hace cincuenta y seis años y no le debe nada a nadie. Lo que sí es, es el retrato de un músico que sigue encontrando placer en tocar, que escogió a una banda que lo entiende y que todavía es capaz de escribir riffs que dejan en ridículo a guitarristas con la mitad de su edad. Tiene un tramo central demasiado uniforme y un cantante al que a veces le falta matiz, y por eso no lo considero un clásico, pero ‘World Alone’, ‘Death Wake’, ‘Return Of The Arbalist’ y ‘Legacy’ van a seguir sonando en mi casa mucho después de que pase la emoción del lanzamiento, y con un disco de un hombre de 78 años que ya no tenía nada que demostrar, no se me ocurre mejor prueba de que valió la pena que existiera.

Tony Iommi — ‘From The Dark’
EN RESUMEN
'From The Dark' es lo mejor que Tony Iommi ha grabado fuera de Black Sabbath y Heaven And Hell: pesado, oscuro y con un Jørn Lande que crece canción a canción. Le sobra fórmula en su tramo central y le faltan temas, pero 'Death Wake' y 'Legacy' justifican por sí solas la espera de 21 años.
POSITIVO
NEGATIVO
4
CALIFICACIÓN

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